viernes, 18 de octubre de 2013

Parte de mi alma


Los largos viajes por España forman parte de mi ser desde muy pequeña. Viajaba con mis padres y luego también con mi hermano pequeño, cuando llegó, para acercarnos a esa familia que tenemos repartida por todo el país. Los alcohólicos rehabilitados de pueblos que muchos ni han oído mencionar, o de ciudades muy muy conocidas, no importa. Todos con ese espíritu luchador del que hay que aprender para seguir adelante en un momento complicado pero lleno de retos. Sus sonrisas no son pasajeras, están llenas de significado, de valentía. Las sonrisas de los que ya están rehabilitados y la de sus familiares. Una fuerza que ayuda a crear nuevos atisbos de esperanza, humildad, valentía y lucha en el rostro de todo aquel que ha decidido salir del hoyo para regalar al mundo lo mejor que tiene de sí mismo. Porque todos tienen tanto que ofrecer, que contribuyen, cada uno a su manera,  a construir ese castillo.

En brazos de cada uno de ellos me he criado y gran parte de mi personalidad se la debo a sus enseñanzas, que sin adoctrinamientos han sabido transmitir a mi corazón todo lo que la vida les ha mostrado. Siento que estas mismas letras que escribo son parte y culpa de esto, de un colectivo que no se rinde. Que se cae y se levanta.

Como una retrospectiva pasaban por mi mente imágenes varias de esas cenas con botella de agua, de esos testimonios que me han hecho derramar cada lágrima, de esos abrazos tan llenos de significado. Lo visionaba como una película mientras esperaba mi turno ante todos ellos para hablarles de cómo llegar mejor a los medios de comunicación. Aunque a mi corazón han sabido llegar de un modo mucho más sencillo y cercano. Y tras todo esto llegó el principio del fin, aunque yo prefiero verlo como el principio del renacimiento, de la mejora, de estima por el propio colectivo. Porque querida familia, hay algo que no podéis olvidar, sois muy necesarios, sois altruistas, sois fuertes, sois maestros del niño perdido sin esperanza. Y nada, absolutamente nada, ni la política, ni la economía, ni que cierre la federación nacional, ni que caiga un meteorito sobre la asociación, puede detener esa parte humana que hace posible que miles de personas puedan decidir salir de la adicción y aprender lo bonita y bella que es la vida.


FARE llega su fin tras más de cuarenta años de trabajo social. Esta ONG, cantera humana y red altruista de apoyo a los enfermos alcohólicos en su origen y, a las adicciones en general en la actualidad, escribió el pasado día 12 de octubre su punto y final. Así lo dio a conocer la Junta Directiva en la clausura, entre lágrimas de dolor, pero también entre mensajes de esperanza de que el colectivo siga vivo en forma de pequeñas asociaciones y de federaciones regionales. El hecho de que el colectivo no muera les hace plantearse el resurgimiento a modo de ‘Ave Fénix’ en el tiempo y cuando la situación lo permita. Si algo tienen claro es que a pesar de que el nombre paraguas que les cubre desaparezca, ni los sentimientos ni el trabajo colectivo de los que lo forman van a cesar. Sino más bien todo lo contrario, la presencia social debe seguir en pie para que nadie olvide lo que unos hacen por otros.


Y yo, de modo individual, me comprometo a ayudar en lo posible porque, queridos lectores, se ha demostrado que los políticos no nos van a ayudar, así que es el momento de unir fuerzas y apoyarse unos a otros como ciudadanos y personas. Solo así recordaremos qué es la humanidad y nos alejaremos poco a poco de un sistema fraudulento que no funciona y que nos está matando como seres humanos.

Este artículo de opinión se publicará en el próximo número de la revista portuguesa Dependências.

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